La victoria de Del Potro en el US Open de tenis 2009 me había parecido formidable, a pesar de que el deporte blanco está lejos de ser mi preferido. Pero había algo adentro mio que hacía que el título logrado por el tandilense me gustase aún más.
Dejé pasar unos días para digerir esto y me dí cuenta de que más allá del resultado del partido, lo que más me gustó fue la forma en que lo ganó: no sólo lo derrotó claramente en la cancha, sino que lo hizo simplemente "como se debe".
A lo largo de la historia, fueron muchos los logros de deportistas individuales y de equipos argentinos de los cuales me enorgullecí, pero fueron muchas también las veces que de una u otra manera, me sentía que algo arruinaba el final feliz: una mano antirreglamentaria, un bidón, "el referee siempre tiene la culpa", una simulación de lesión, un mal humor irritante en las conferencias de prensa, etc.
Todo este tipo de conductas o actitudes antideportivas, que generaba orgullo en la mayoría de mis amigos, solían restarle mérito en mi interior a los logros deportivos. Ya hace más de veinte años de la "Mano de Dios" y seguimos usándola cómo estandarte de la picardía nacional, cuando en realidad fue ni más ni menos que trampa. Nos reimos (me incluyo) de la ocurrencia de Bilardo, al darle a los brasileros un bidón con agua adulterada, pero es más de lo mismo: trampa.
Trampa, trampa, trampa .... ¿para qué? Eso habla de la sensación de inseguridad o inferioridad que deben tener todos los que la usan. Pero Del Potro no. No simuló lesiones. No trató de desconcentrar a Federer. No terminó la conferencia de prensa peleado con todos los periodistas. No. Su victoria fue distinta. Y eso me gustó .... a pesar de que el deporte blanco esté lejos de ser mi preferido.
Dejé pasar unos días para digerir esto y me dí cuenta de que más allá del resultado del partido, lo que más me gustó fue la forma en que lo ganó: no sólo lo derrotó claramente en la cancha, sino que lo hizo simplemente "como se debe".
A lo largo de la historia, fueron muchos los logros de deportistas individuales y de equipos argentinos de los cuales me enorgullecí, pero fueron muchas también las veces que de una u otra manera, me sentía que algo arruinaba el final feliz: una mano antirreglamentaria, un bidón, "el referee siempre tiene la culpa", una simulación de lesión, un mal humor irritante en las conferencias de prensa, etc.Todo este tipo de conductas o actitudes antideportivas, que generaba orgullo en la mayoría de mis amigos, solían restarle mérito en mi interior a los logros deportivos. Ya hace más de veinte años de la "Mano de Dios" y seguimos usándola cómo estandarte de la picardía nacional, cuando en realidad fue ni más ni menos que trampa. Nos reimos (me incluyo) de la ocurrencia de Bilardo, al darle a los brasileros un bidón con agua adulterada, pero es más de lo mismo: trampa.
Trampa, trampa, trampa .... ¿para qué? Eso habla de la sensación de inseguridad o inferioridad que deben tener todos los que la usan. Pero Del Potro no. No simuló lesiones. No trató de desconcentrar a Federer. No terminó la conferencia de prensa peleado con todos los periodistas. No. Su victoria fue distinta. Y eso me gustó .... a pesar de que el deporte blanco esté lejos de ser mi preferido.
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