viernes, 29 de abril de 2011

Relato Techo para mi País (Primera Parte)

Relato 1 de 2 de la experiencia vivida en un fin de semana, trabajando con la Fundación "Un Techo para mi País". Sepan entender que este es un relato personal, mandado a amigos míos.


Les recomiendo leer la introducción que está en el post anterior. Gracias!

Hola a todos, 
Para los que no estuvieron, y con el objetivo de que no les pase eso de sentirse sapos de otro pozo por no entender los cuentos después, les hago un relato de lo vivido este fin de semana.

Sabado:
Después de un atraso considerable, llegamos al barrio "Los Ficus" cargando picos y palas, en busca de nuestra "Familia Ingalls", que nos iba a recibir con queso de cabra y panecillos recién horneados, felices por nuestra llegada. 

La realidad fue otra. Llegamos a una terreno bastante desordenado, con cerco de distintos tipos de madera a medio pintar, mezcladas con alambre semi oxidados y algunos arbustos aislados. En el fondo había una casa de chapa del tamaño de un container, con tres sujetos de aproximadamente 20 años que emanaban un hedor a alcohol que se percibía desde la Capital y que bailaban al ritmo de la cumbia villera. Pa mis adentros deseaba que no fueran ellos nuestra familia Ingalls, pero tristemente estaba "semi" equivocado, ya que eran amigos de nuestro Charles.

Cuando entramos al terreno, salieron de la casilla Alberto (Charles) y Liliana (Caroline) a recibirnos, no muy convencidos de nuestra llegada. Adentro había otros chiquitos durmiendo, que hasta ese momento no sabíamos bien quienes eran.
El clima del sabado fue bastante inusual. Hasta ese momento hacía un calor pesado, cosa que hizo a más de uno reirse de la ropa de otros. La venganza vendría más tarde...

Nuestro equipo ese día estaba formado por Martín, Esteban y su hijo Tommy, Marcos, Juanpi y su mujer Loli, y yo.Cada equipo o familia tenía dos coordinadores. Los nuestros eran Caro y el Colo. Después de su breve charla con Alberto y Lili, se explicó la idea y se arrancó a trabajar. Mientras tanto, mirabamos de reojo a los tres amigotes que parecían recién salidos de Batán.. (Manzana, Diego y Luis).

Task Nro.1: hacer 12 pozos de 60 cms aprox, para meter 12 troncos de medio metro que serían las bases de una casa prefabricada, bastante prolijita y sin mucho para regalar..
En ese momento, Manzanita agarró una de las palas y se puso de protagonista. Empezó a hacer pozos con los restos de lo que había tomado el día anterior, y en 5 minutos había hecho 8 pozos. Para los otros 4 todos nosotros juntos tardamos más o menos 4 horas! 
Así contado suena ideal, pero la verdad es que el ambiente se tornó bastante tenso. Estos flacos tenían un pedo importante y no precisamente melancólico, sino el pedo molesto.. ese que no le tiene miedo a quedar mal por nada. El que se mete sin que lo llamen. A eso sumenle el hecho de que su educación y dicción no era precisamente producto de los cursos intensivos con la Condesa de Chikoff, con lo cual se generaba un cocktel bastante incómodo. Nos jodian, hablaban en código entre ellos, tiraban malas palabras y hasta se daban el lujo de tirarle los galgos a Loli, la mujer de Juanpi que estaba también dando una mano. Estaba Tommy, el hijo de Esteban, que escuchaba con incredulidad la sarta de ordinarieces que tiraban estos y la verdad es que no estaba bueno. Tenía ganas de parar y agarrarme a piñas con los tres, pero no era la idea, obviamente...

A mitad de camino, y como para que no nos olvidemos que esto no iba a ser facil, el Barba mandó el segundo diluvio universal, con granizo incluído. En pocos segundos estabamos totalmente hechos sopa y el terreno pasó a ser algo así como un cangrejal lleno de barro hasta los tobillos. Todos los pozos se empezaron a tapar de agua hasta el tope, y todo el laburo empezó a peligrar. Los tres mosqueteros se metieron junto con la flia adentro de la casilla y nosotros seguimos metiendole ... Creo que ese punto fue el primero que hizo que los flacos empezasen a pensar "estos tipos están locos". Qué hacen ahí bajo la lluvia haciendo pozos.?". Por otra parte, se ve qeu el ruido de la lluvia en la chapa les trajo sueño a los borrachines y se tiraron a dormir los tres en una de las dos camas que había adentro.

Llegó un punto en el que no se pudo seguir más y tuvimos que frenar. Aprovechamos a comer algo. Me da la sensación de que ellos no comieron para que nosotros si lo hagamos, y yo diría que ese fue el primer punto que a mi me movilizó. Cuando todos habíamos terminado, Alberto le preguntó a su chiquita (Priscila) si quería comer y esta se comio hasta el plato... 

Terminamos de comer, aflojó la lluvia y arrancamos de vuelta con el Task 2: poner el piso, pero con un gredal que tornó todo el laburo mucho más dificil. Ya Alberto se prendió a ayudar más, y con los amigos dormidos, el ambiente empezó a aflojar. Todos ellos y nosotros, empezamos a bajar la guardia que naturalmente uno levanta en estas situaciones...

La tarde terminó más tranquila, poniendo los paneles del piso y dejando todo listo como para arrancar el día dos a terminar la casa. Nos fuimos con la despedida media fria y con la promesa de volver a terminar.

Yo había dicho que iba a ir el sabado, y la verdad es qeu el hecho de que hubiese sido más desafío armar esto, me movilizó a querer terminarlo. No fue la familia Ingalls lo que encontramos, sino una de las tantas millones de familias tipicas del conurbano, que no tienen el queso de cabra, sino que tienen un padre de familia que estuvo preso (como me contó Alberto), con laburo esporádico, y discriminado por todos nosotros permanentemente, cosa que los obliga a quedar totalmente marginados. El hecho de que fuese más dificil, me hizo sentir que tenía que terminar este laburo... se tornó un desfío para mi.

Me fui a casa con una sensación rara. Mezcla de que no me gustó lo que había encontrado y por otra parte la sensación de alguien que recibe un mazaso en la cabeza, y que le abre los ojos a la realidad. Esto es lo que se vive. Esta es la realidad, no la familia Ingalls. Hay borracheras, drogas, violencia, desconfianzas, mala onda, pero todo producto de las circunstancias. Una o dos cosas me hicieron sentir que tenía que volver asique así le dije a Martín que haría.

Continuará....



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