Hoy caminaba por la calle y pensaba en River. De pronto, me vino a la mente su historia, y aquello por lo que tuvo que pasar en estos últimos tiempos: un pasado lleno de gloria y orgullo; tiempos de grandeza con protagonistas que dieron que hablar a sus pares y a quienes los conocieron a través de imágenes en blanco y negro, y de las anécdotas de sus contemporáneos. Personajes que hacen inflar el pecho a las actuales generaciones, y que sirven de fundamento para quienes se identifican con el "ser riverplatense".
Como como casi todo en la vida, a los ciclos positivos le sobrevienen tiempos oscuros. En su caso, signado por dirigencias a quienes la historia poco les importa y el bien de las instituciones que presiden menos aún, tuvo que soportar graves crisis internas, para terminar en lo más profundo de la humillación: el descenso de categoría.
Por raro que
parezca, soy un convencido de que ese tormento, dadas las circunstancias, puede
haber sido lo mejor que le pudo pasar a River. Tan sólo cuando se experimenta
el peor de los pesares, es que se puede resurgir fortalecido y con una
sabiduría que antes no se tenía. Ese dolor profundo que genera la humillación
autoimpuesta, es el que hace a uno entender que se hicieron las cosas mal, y
que para salir del abismo, se necesita un cambio de raíz mucho más fuerte de lo
que uno normalmente maneja.
A aquellos
dirigentes a quienes no les importa la institución que presiden y que persiguen
más bien intereses propios, seguramente este golpe no les debe haber afectado
en lo más hondo de su ser. Sin embargo, no dudo de que habrá aquellos, a quienes
la grave crisis los habrá marcado profundamente. Esa cicatriz seguramente haya
sido el motor que empujó a muchos en el esfuerzo por ascender de categoría, y
será el que los acompañe a la hora de revivir a su querido Club.
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Después de seguir
unos metros, pensé en mi querida Argentina y quise ver un paralelismo con el
segundo club más importante del país, pero desgraciadamente no lo pude
encontrar.
Traté de remontarme
a la historia reciente y encontrar situaciones parecidas, pero por desgracia,
si bien las crisis se asemejaban, sentí que no habíamos tocado fondo. Ese fondo
necesario para sacudir las bases que nos vienen impuestas. Ese fondo que a uno
le saca el falso orgullo generado por lo hecho por nuestros antepasados, y que
nos hace ver que todavía no hemos hecho nada. Ese fondo que hace que uno diga:
"Basta, es hora de cambiar, empezando de cero".
Los manejos,
escándalos y peleas de Cristina, los Moyano, Moreno, Fernandez, Scioli, Macri,
Bonafini, D´Elía y tantos otros que deciden MIS destinos y los SUYOS, son lo
único que me hacen ver un paralelismo con la historia reciente de River y las
dirigencias de Aguilar y Passarella. En ambos casos, veo personajes que
llegaron a manejar la institución, apalancados por sus ambiciones personales y
muy pero muy lejos de pensar en la responsabilidad que tenían por delante, a la
hora de tomar las riendas de sus respectivos "puestos de trabajo".
Ni la crisis del
2001, ni la del 2008 ni la actual CRISIS con mayúscula que nuestros dirigentes
pretenden esconder nos hicieron tocar fondo. Sino, cómo se explica que sigamos
por el mismo camino que marchamos una y otra vez, esperando a que venga el "menos
malo" a salvarnos de los indeseables de turno que ostentan el poder.
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Entonces, por
primera vez en mi vida envidié a River. Al menos, ellos ya habían pasado por lo
peor. Al menos para ellos, ya no quedaba el miedo al descenso. Ya pueden decir
que son más sabios y que tienen todo por delante para ser mejores. Ya se sembró
en el inconsciente de quienes lo quieren de verdad, la semilla que les dice que
para subir, hay que trabajar. Para ganar, hay que entrenar y que para tener
gloria, hay que sufrir. Esa semilla que tenían los inmigrantes que vinieron a nuestra Argentina a principios del siglo
XX. Después, como todo ciclo, se volverá a lo mismo, y deberá venir otro descenso para que las nuevas generaciones vuelvan a aprender lo que algunos olvidaron.
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No se cómo será el descenso de Argentina, si es que se puede decir que seguimos jugando en la A. A juzgar por nuestros dirigentes, somos el único país de la A, y todo el resto nos mira envidiosos desde la B. Siento que la tabla de posiciones para ellos está dada vuelta y que en el fondo, todo el resto debemos empezar a entender que para salir de la situación en la que estamos, vamos a tener que empezar a asumir que estamos en la B, y que sólo nuestro esfuerzo y trabajo nos van a hacer llegar arriba otra vez.
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No se cómo será el descenso de Argentina, si es que se puede decir que seguimos jugando en la A. A juzgar por nuestros dirigentes, somos el único país de la A, y todo el resto nos mira envidiosos desde la B. Siento que la tabla de posiciones para ellos está dada vuelta y que en el fondo, todo el resto debemos empezar a entender que para salir de la situación en la que estamos, vamos a tener que empezar a asumir que estamos en la B, y que sólo nuestro esfuerzo y trabajo nos van a hacer llegar arriba otra vez.
Aprendamos de River,
que entró en crisis, descendió, lloró, reflexionó, tomo fuerzas y logró
resurgir con esfuerzo de las cenizas. A ver si de una vez por todas somos
nosotros quienes tomamos las riendas de nuestros destinos y logramos llevar a
la Argentina a la ubicación que merece.
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Nota: El autor es hincha de Boca.

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